
Esta cuarta presidencia española de la UE, desde que en 1986 nuestro país pasó a formar parte de la Unión, está llamada a ser diferente. No sólo diferente de las anteriores sino diferente a lo que han sido hasta ahora las presidencias de turno. Primero porque, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, las presidencias rotatorias son menos presidencias. Tienen que compartir su protagonismo con las nuevas figuras establecidas por el Tratado: la Presidencia permanente del Consejo y las nuevas funciones de la “ministra” de asuntos exteriores de la Unión.